El otro punto de vista – entrevista a Carmen García

En Información a bocados apelamos principalmente a un estilo de vida saludable. Sin embargo, desde el principio hemos sido conscientes de que no todo el mundo presta atención a lo que come ni se preocupa en exceso por los alimentos que ingiere. Por tanto, y como hemos avisado en nuestros comienzos, hemos querido dar voz a este tipo de personas. Hablamos con Carmen García, una estudiante de veinte años que no está excesivamente informada sobre alimentación.

Entrevistadora: Buenas tardes, Carmen.

Carmen: Buenas tardes.

E: En la encuesta que hicimos a través de Instagram antes de lanzar el medio, usted respondió que no a todo[1]. ¿Cómo le hizo sentir esto?

C: Yo me sentí bastante mal contestando que no a todas las preguntas, porque me di cuenta de que no me informo sobre lo que como. Y yo creo que el problema es que mucha gente relaciona (yo también) el comer bien con tener un buen tipo. Y a mí personalmente eso no me interesa. En realidad, se debería relacionar el comer bien con tener una vida saludable. Y, aunque ahora, con veinte años, no me interese eso, puede que en un futuro sí le vaya a dar importancia porque me salga alguna enfermedad o algo por el estilo.

E: Si sabe que realmente comer bien no es tener un buen cuerpo, ¿por qué no lo hace?

C: Porque, realmente, no considero que tenga malos hábitos al comer. Vale, puede que algún día cene una hamburguesa o puede que a veces no me dé la gana de cocinar y pida una pizza, pero son momentos puntuales. Yo no abuso de la comida que sé que es basura. En cambio, en lo que sí considero que no tengo buenos hábitos, es a la hora de informarme sobre lo que como normalmente: un plato de garbanzos, albóndigas, unas croquetas… Yo no miro ingredientes, no miro lo que lleva. Además, como lo compro en un supermercado, ya lo tacho de que está bien. Que yo creo que aquí falla casi todo el mundo.

E: ¿Qué es lo que tendría que pasar para que accediera a cambiar sus hábitos alimenticios?

C: Pues, por una parte, relacionándolo con la primera respuesta, una de las cosas que tendrían que pasar es que me diagnosticaran una enfermedad provocada por esos hábitos alimenticios. Otra cosa que tendría que pasar es que los quisiera cambiar por voluntad propia. En plan, voluntad propia de levantarme un día por la mañana y decir: quiero cambiar mis hábitos alimenticios, porque no quiero tener problemas en un futuro o porque estoy cansada de abusar de la comida rápida. No sé, es que en mi caso tendría que ser una de esas dos cosas, porque no quiero dejar las croquetas (Risas).

E: ¿Nunca le ha dado por observar la cantidad de calorías, azúcares, grasas saturadas, etc. que tienen esas comidas?

C: A ver, sinceramente, por las mañanas, me pongo a leer las etiquetas de lo que estoy desayunando, porque no tengo nada mejor que hacer. Entonces, leo: grasas 1’5 g., hidratos de carbono 78 g., fibra alimentaria 7’8 g… Yo lo leo, pero no con interés, sino porque me aburro. Además, no lo entiendo. A mí como si me ponen que de magnesio hay 324 mg. O sea, no sé si es mucho, no sé si es poco, no sé si es bueno, no sé si es malo…

E: No lo entiende y, como usted, seguramente hay muchas personas. Por tanto, ¿cree que se debería impartir una educación sobre este tema?

C: Es que yo no lo veo tan importante como para hacer una asignatura de ello. No es como la educación sexual, que lo que haces y lo que decides influye en los demás y viceversa. El tema de la alimentación es una decisión propia de cada uno. Si me da la gana de comer pizza todos los días, es mi problema, no afecto a nadie más. No haría una asignatura, pero sí que daría más información a la gente. Obviamente, no sería una educación con exámenes, pero sí que vería bien hacer charlas mensuales o actividades.

E: Si no es por ingredientes, ¿por qué se guía a la hora de comprar un producto y no otro?

C: Pues porque estoy acostumbrada a comprar ciertas cosas o porque son las que me gustan. Y, cuando me da por probar otros productos, no me fijo en ingredientes ni nada. Me fijo en el precio, en la marca y en si alguna vez la he visto en casa de alguien cercano.

E: ¿Qué opina de las personas que quieren “imponer” su forma de comer?

C: Es que, no sé, ya de por sí me jode mucho cuando empiezan a seguirme cuentas de nutrición. Y, bueno, también están los pseudonutricionistas. Personas que parece que te obligan a hacer lo mismo que ellos, porque parece que su forma de comer es la mejor de todas, y a mí no me gusta eso. Yo como lo que me da la gana y, si a mí me gustan las croquetas, voy a comer croquetas, aunque muera comiéndolas.

E: ¿Se dejaría aconsejar por ellas en algún caso?

C: No me dejaría aconsejar por cualquiera. Por ejemplo, hay ciertas cuentas en Instagram, sobre todo, que yo no sé si realmente tienen estudios. Entonces, si yo siguiera sus consejos, sería tanto como decir “hala, toma, juega con mi salud”. Y, bueno, si tienen conocimientos, bien, vale, perfecto. Pero yo no seguiría sus consejos a no ser que fuese algo de vida o muerte. Mientras yo no tenga un problema en el que necesite las indicaciones de alguien para comer, voy a seguir comiendo lo que quiero.

Después de este rato de charla, hemos sacado bastantes cosas en claro. Por ejemplo, que muchas personas no se preocupan de lo que comen por el simple hecho de no tener problemas de salud. Sin embargo, no se dan cuenta de que, precisamente con esa actitud ante algo tan importante como la alimentación, pueden acabar desarrollándolos más adelante. También se ha mencionado un tema importante como es el dinero. Muchísimas personas se acercan primero a lo más barato, sin considerar nada más. Y, por último, pero no menos importante, nos ha quedado claro que a Carmen le encantan las croquetas.


[1] Las preguntas que conformaban dicha encuesta eran: ¿consideras que tienes hábitos alimenticios saludables?, ¿tienes en cuenta los ingredientes de aquello que compras?, ¿crees que la información acerca de este tema está filtrada y contrastada?, ¿sigues a nutricionistas en redes sociales?, y ¿sueles buscar información acerca de alimentación y hábitos saludables?

EL ETIQUETADO NUTRICIONAL

¿Sabes realmente diferenciar entre un buen alimento y un producto simplemente comestible?

La información obligatoria en todos los productos envasados para que su comercialización sea legal es:

  • Denominación del alimento
  • Lista ingredientes
  • Lista alergenos
  • Cantidad de determinados ingredientes
  • Cantidad del producto
  • Fecha caducidad
  • Condiciones de conservación
  • Razón social del distribuidor
  • País de origen
  • Información nutricional

El problema de todo esto es la carencia es la información clara y específica del producto que se pone a la venta, es decir, cualquier ciudadano medio se guía en primer lugar por el empaquetado y el márquetin; luego si tiene un mínimo conocimiento o interés por la nutrición, se fija en la tabla nutricional. Con la finalidad de hacer más visual, rápida, además de eficaz la elección de productos saludables, se han iniciado diferentes clasificaciones de los alimentos a nivel internacional, cada una siguiendo unas bases y principios diferentes.

Aceite de oliva vs Coca-Cola según Nutri-Score. Fuente: El Español

Un ejemplo es Nutri-Score, el sistema de etiquetado nutricional que se apoya en la puntuación mediante la calificación de la calidad nutricional del alimento. Los niveles, de mejor valoración a menor son A, B, C, D y E, cada uno relacionado a un color previsible (verde = bueno, rojo = malo). Es importante que se mide respecto a la cantidad de 100 gr o 100 ml de producto y no por porción. Para que el producto gane o pierda puntos se recurre a unas variables y su cantidad; tales como calorías, azúcares, grasas saturadas, vegetales, fibra o proteínas. Estas tres ultimas suman y las demás hacen que descienda en el “ranquin”.  A esto hay que añadir un matiz, y es que, si bien hay que tener en cuenta las calorías que nos aporta el producto, hay que valorar más el origen de estas. En otras palabras, se debe considerar si los ingredientes son de calidad y aportan nutrientes o si es un producto de baja densidad nutricional que es mejor evitar.

Diferentes productos según Nutri-Score. Elaboración: SinAzúcar.org. Fuente: openfoodfacts.org

Esta metodología de etiquetado nutricional ha tenido mucha controversia y rechazo por parte de diversos dietistas y nutricionistas. Esto se debe a que se clasifican alimentos altos en grasas saludables tales como el aceite de oliva virgen extra como perjudicial, mientras que productos que está científicamente probado que son muy dañinos para la salud como saludables, como la Coca-Cola zero.

Es cierto que es útil en algunos casos como son la Nutella, la Coca-Cola original o la bollería industrial.  No obstante, resulta contraproducente para alimentos naturales como el ya mencionado aceite de oliva, pues lo introduce en el mismo cajón que las salsas procesadas con alto contenido de azúcares añadidos, sal y aditivos. A menos que mires los ingredientes y la tabla nutricional no verás la diferencia entre ponerle a tus comida kétchup o aceite de oliva, no te darás cuenta de la larga lista de ingredientes indescifrables que contiene el primero o la cantidad ingente de azúcar que puede tener esta salsa que resulta salada.

En el caso de la Coca-Cola y el zumo de naranja envasado, podemos ver que incluso la primera llega a superar en el semáforo al segundo. Aunque no esté 100% recomendado por los nutricionistas tomar zumo de naranja y menos envasado, no puede mostrarse al público como peor que un refresco lleno de edulcorantes artificiales que no se basa en ningún alimento real. El zumo de naranja solo contiene la fructosa de la naranja junto a una cantidad mínima de fibra en comparación a las frutas enteras, pero la Coca-Cola es un producto industrial en su totalidad, aporta una cantidad de fibra que viene a ser un cero patatero.

Presentación muesli “Receta Tradicional” de Eroski. Fuente: Eroski. // Información nutricional muesli “Receta Tradicional” Eroski. Fuente: openfoodfacts.org

El muesli es una de las grandes dificultades a la hora de elegir qué desayunar, aunque recomendamos antes un buen porridge casero de avena, si tienes antojo de muesli, no te guíes por Nutri-Score. A pesar de su aparente inofensiva lista de ingredientes, que es demasiado larga (más de cinco ingredientes, según Carlos Ríos), incluye en ella cuatro veces el término “azúcar”, que en la tabla se especifica que es un 15% del producto.

¿Quieres comer galletas para el desayuno? Tampoco te fíes del semáforo nutricional, porque no incluye azúcar per se, pero sí edulcorantes artificiales – divinizados erróneamente – como el maltitol y una lista demasiado larga para ser buena para la salud.

Galletas con la mejor calificación de Nutri-Score. Fuente: @Dani_trainer_. // Lista de ingredientes de las galletas «Dukan» con pepitas de chocolate. Fuente: Amazon.

Otro ejemplo es el sistema NOVA, el cual cataloga los alimentos según su grado de procesamiento, dejando de lado los nutrientes que incluyen y es que la técnica de procesamiento industrial puede hacer que un alimento natural llegue a ser todo lo opuesto a beneficioso, ya sea p­or los aditivos que contiene en su elaboración u otra razón. El gran abanico de alimentos se divide en 4 grupos:

  • Grupo 1: Alimentos naturales y mínimamente procesados, lo que Carlos Ríos llamaría “realfood”.
  • Grupo 2: Ingredientes que nos sirven para cocinar y sazonar junto al grupo 1.
  • Grupo 3: Alimentos procesados cuya lista de ingredientes no es mayor de cinco componentes. Se dan cuando alimentos del Grupo 1 se suman productos del Grupo 2. Su grado de recomendación depende de su grado de procesamiento. Incluye los buenos procesados.
  • Grupo 4: Productos ultraprocesados, que nunca podríamos hacerlos en casa por los elementos y las técnicas de laboratorio que requieren.
Grupos según clasificación «NOVA». Fuente: Centinel.

Después de toda la información volcada en este post, lo último que queremos es que nuestros lectores se “obsesionen” en cierta manera por lo que comen, sino que el objetivo es que se asimile la conciencia de saber qué comes, sus pros y contras, llegando a ser algo natural el rechazo a productos dañinos sin dejarse llevar por el márquetin. Comer bien no debería considerarse una dieta, sino una forma de vida en la que poco a poco desplazas todo aquello que sabes que es malo para tu cuerpo, no es una restricción total de ultraprocesados, sino que te reservas para “ocasiones especiales” la ingesta de ellos.

Está bien obtener indicaciones de estas nuevas formas de clasificación de los productos, pero el conocimiento es poder y cuánto más se sepa por uno mismo, más conocerá su verdadera alimentación. Como dice Carlos Ríos, “si te centras en alimentos aprendes a comer frutos secos en vez de magdalenas. Si te centras en nutrientes comerás magdalenas bajas en grasa”.